Vivimos en Castellon

Juanjo Montoliu y Esther Martín, ganadores del concurso de anécdotas

Noviembre 21, 2009 · Dejar un comentario

La Entrega de Premios del Concurso de Anécdotas de Maríagustina se celebró el  viernes 20 a las 20:00 en Gnomo. Durante le acto se ofreció un castellonero refrigerio: coca de tomate y Papas García, regado con vino y champagne.

El primer premio fue para Juanjo Montoliu, por su apasionado relato sobre el giro tradicional de la emblemática plaza. Además, cerró el acto con

El segundo premio fue para Esther Martín, quien envió su relato desde Reino Unido, donde todas las rotondas giran al revés y se siente como en casa. Como estamos en el futuro, la ganadora recibió la noticia por videoconferencia.

La anécdota de Juanjo está aquí y la de Esther acá.

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ceremonia de entrega de premios :)

Noviembre 20, 2009 · Dejar un comentario

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anécdota IX

Noviembre 19, 2009 · 1 comentario

C-i-n-c-o años tardé en sacarme el carnet de conducir. Le había cogido un pánico terrible a coger el coche desde el día del accidente. Un loco inglés se metió al revés en la rotonda, desde ese choque estoy traumatizada.

Al final conseguí el carnet, práctica a práctica iba superando mi trauma al volante. Un día de noviembre hace c-i-n-c-o años me dispuse a coger por primera vez el coche sola por primera vez. Poco a poco, calle a calle, iba ganando confianza, pero procurando pasar por recorridos conocidos. Finalmente llegué a la plaza, segura de mi misma, convencida de poder superar un nuevo reto.

Pero lo que ví me dejó congelada. ¿Era mi percepción de la realidad lo que estaba alterada o era la realidad en sí misma?. Me sentí como un juguete del destino,
indefensa, las leyes de la conducción se reían de mí y unas de las pocas cosas que creía constantes había cambiado.

En la ciudad las calles suelen cambiar de dirección, todos estamos acostumbrados, pero nadie cambia las rotondas y menos la plazas. Era incapaz de seguir conduciendo, desde luego había fallado, abandoné mi coche en la entrada de la plaza y caminando volví a casa. Han pasado c-i-n-c-o años y sigo esperando el momento de que todo vuelva a su sitio para poder recuperar mi coche y la confianza.

Estrellita Mutante

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anécdota VIII – ¡Y tanto que Maria Agustina no rode aixina! ¡collons!

Noviembre 18, 2009 · 1 comentario

Noviembre de 2004, se cambia contra natura el sentido de giro de la plaza. Enero de 2005, el entonces alcalde de la ciudad José Luis Gimeno dimite de su cargo tras casi 14 años al frente de los designios de la ciudad ¿Casualidad? No, justicia. Ciertas cosas tienen repercusiones. Me rio yo del cambio climático, de la capa de ozono y del efecto invernadero. Lo de Maria Agustina, eso sí es grave, cambiando el ritmo vital de toda una comunidad, como si forzásemos al corazón de una persona a que bombease la sangre en sentido inverso. Eso no es bueno.

Y la gente lo nota. Semblantes serios, caras largas, cierta energía de esa que carga las pulseras magnéticas de los teletiendas que no fluye como debería. Es un algo que no se percibía pero que ahora se echa en falta. Como ir a la Magdalena sin cinta en la caña.

Quieren alienarnos. Ellos. Aquí somos demasiado felices, vivimos demasiado bien, y ellos no quieren eso. “La millor terreta del mon”, que decía Troncho antes de morir un Lunes de Magdalena. Como aquí en ningún sitio, como bien saben los que vienen de los Cárpatos y aquí se quedan para los restos como orelluts de toda la vida, de soca. Y nos lo quieren quitar. Pusieron un Zara. Dijimos adios al Goya, al Rialto, al Azul, al Rex, para dar la bienvenida a los multicines en las afueras. Cambiaron el sentido a la “”"”rotonda”"”" de Maria Agustina. Hasta nos montaron un Corte Inglés ¡¡¡un Corte Inglés!!! Quieren que seamos como todos los demas, y aunque nos resistimos como buenos cabuts, poco a poco lo consiguen. Cada vez se ve menos gente con blusa en las Fiestas. Es una
señal preocupante.

¿Vamos a dejarles que sigan? ¿qué será lo próximo? ¿¿quedarnos sin Papas García?? ¿qué somos? ¿Caguemes?

A título personal, nunca acepté ese cambio. Las cosas son como son, por muchas señales que pongan sólo son palos y pintura en el suelo. Nuestras madres nos lo han dicho siempre “y si todos los demás se tiran por una ventana ¿tú también te tirarías?”. Pues no ¿verdad? pues eso es lo que hago, hacer caso a mi madre. Cada vez que tengo que circular por la plaza, lo sigo haciendo siguiendo su sentido natural, aunque me esté dejando las ruedas cada vez que me subo a los picos de acera que han cambiado. Y noto, cada vez que lo hago, como Ella, desde el centro subida en su fuente, me mira y me sonríe. Y los demás coches aplauden mi valentía, se apartan para dejarme pasar y tocan sus bocinas para jalearme.

Lo único que me apena es que tras cinco años parece que soy el único que lo sigue haciendo ¿en serio los demás os conformais? desde aquí os invito a hacerlo también. Puede ser un pequeño rascón para el coche, pero un gran paso para la castellonería.

Hacedlo por vuestras madres ¿o vosotros también os tirariáis?

Álvaro Giner

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anécdota VII – Anécdotas de Maria Agustina…

Noviembre 18, 2009 · Dejar un comentario


La más espectacular que recuerdo es una ocasión en la que estaba caminando por la calle Mayor hacia la plaza, ya en el semáforo (aún había varios carriles), cuando me fije en un coche nuevecito con la L en verde bien grande, allí parado, con un chaval al volante, su madre de copiloto y la hermana/novia sentadas detrás. No recuerdo el modelo del coche, la verdad, pero si que recuerdo que la madre y la hermana/novia le estaban comiendo la oreja al probre chaval. Y no precisamente bajito, pq yo las podía oir…

Y claro, el semáforo se puso verde. Y al chaval le aparecen dos
alternativas:

a) izquierda: Maria Agustina

b) derecha: plaza normal

No sé si el chaval era anarquista de corazón, los gritos en los oidos le despistaron o decidió acabar con su vida inmediatamente, incapaz de soportar la
presión…

Pero se fue recto. Y no se fue recto de una forma cualquiera, no, sino que se subió a la plaza pasando entre el árbol y la cabina de teléfonos que se encontraba justo al lado. Afortunadamente se detuvo antes de llegar a la fuente (le sobró un metro y medio o así) y no mató a nadie (más que nada pq la peña saltó muy, muy rápido.

Victimas: ninguna.

Daños: los bajos del coche, pq claro, la acera no era bajita, y por supuesto, el susto brutal del conductor y familia…

Y otra distinta…

Como no, en mil ocasiones algún despistado cogía la plaza en dirección contraria. Pero la que recuerdo especialmente es la de un madrileño un día de verano, a eso de las cinco o las seis de la tarde. El muy capullo (no tiene otro nombre) no se fijó en que dirección venían los otros coches y se metió a saco. Claro, no es lo mismo una tarde cualquiera que las cuatro de la mañana. Había más coches, como media docena, dentro de la plaza, pero este genio no paró ni nada por el estilo. Siguió en dirección contraria, pitando a los otros coches y abriéndose camino hasta que, afortunadamente, salió de la plaza. Ningún herido ni daños materiales…

Gustavo.

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Entrega de premios

Noviembre 18, 2009 · Dejar un comentario

Por fin conoceremos a los ganadores del concurso de anécdotas. Hemos recibido muchas y todavía tenéis hasta mañana para poder enviar vuestras aportaciones.

El viernes 20 a las 20:00 en Gnomo (Cardona Vives 7) conoceremos el nombre de los ganadores y daremos los premios. Os esperamos para tomar juntos una copita de cava y un piscolabis castellonero.

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anécdota VI

Noviembre 18, 2009 · 1 comentario

Aquel 23 de Noviembre de 2004 yo me encontraba fuera de Castellón, y a la vuelta ya se había consumado el crimen, estaba en la boca de todos, y el factor sorpresa, tan necesario para generar buenas anécdotas, había fallecido con la divulgación de la noticia. Así que no pude siquiera preguntarme las razones por las que todos los semáforos estaban al revés, y los porqués de los extraños accesos a la plaza, que obligaban a violentos volantazos si uno quería continuar recorriendo la plaza en el único sentido verdadero.

A falta de verdaderas anécdotas, y aprovechando que últimamente, por razones que no vienen al caso, visito con frecuencia a María Agustina, decidí preguntarle a Ella, por si sabía alguna anécdota jugosa, que me permitiera ganar el concurso de forma totalmente deshonesta. Ella se ofendió notablemente, y no sólo se negó a prestarme esa información tan útil, sino que a cambio aprovechó la oportunidad para desfogarse y contarme su amargura acumulada desde entonces. Este es el resumen de lo que Ella me relató:

“Cinco años después, me preguntas que vi, que sentí. ¿Te importó entonces?

Te diré que ansiaba su regreso como agua de Mayo. Habían pasado muchos días sin sentir el contacto de sus huellas sobre mi piel, sin apreciar la suave presión sobre mi epidermis. Por aquel entonces me sentía renovada, guapa, preparada para nuevas sensaciones. Pero aunque mi cara luciera más suave, más tersa, sin rastro de arrugas, después de aquel inesperado lifting, mi carne seguía cargando con el peso de toda su historia, y debajo de la primera capa superficial estaban marcados, y todavía están, los surcos que fueron dejando mis muchos amantes; bajo la piel sobrevivían, y todavía sobreviven, los caminos construidos por la superposición de los pasos dejados por éstos.

Podrás entender la impaciencia con que esperaba al primero que decidiera volver a procurarme el placer de sus caricias, aunque debo confesar que sentía una inquietud imprecisa, un extraño desasosiego flotando como una velada amenaza. ¿Sabría encontrar mi nuevo amante los caminos de mi deseo? ¿Sería capaz de recorrer bajo mi nueva piel el sentido correcto de mis anhelos?

Por desgracia, mis temores se convirtieron en triste realidad al primer instante. ¿Cómo te sentirías, si esperando un beso, recibieras una colleja? ¿Cómo, si un dedo insistente recorriera una vez tras otra la estrecha rendija de una herida abierta? Aquella fue mi primera sensación: sorpresa, incredulidad, pasmo. Y después: frustración, impotencia, rabia.

Muchos han pasado por mi alcoba desde aquel aciago día, y no puedo decir que me he acostumbrado. La furia de los primeros días se ha convertido en una resignación monótona, cansina, gris. Con el tiempo he conseguido perdonar a mis torpes amantes, he disculpado su debilidad de carácter, su falta de personalidad, su cómoda desidia.

Pero de un tiempo a esta parte, me reconforta pensar que existen unos pequeños héroes dispuestos a todo, seres pasionales y rectos, que de vez en cuando intentan forzar la vuelta a las antiguas costumbres, el cambio hacia el sentido correcto de mi vida. Se manifiestan portando ropajes con mensajes contundentes, y recorren la calles defendiendo mi causa, sin otro premio que la satisfacción del deber cumplido.

Es por ellos, por su lucha desinteresada, por lo que mi alma conserva todavía un gramo de esperanza. Es para ellos, mi última sonrisa, mi eterno agradecimiento.”

Juanjo Montoliu

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anécdota V – El Informe María Agustina

Noviembre 17, 2009 · 2 comentarios

Siempre nos creemos sabedores de la verdad, pero para mí aquel día cambió esta creencia. Cuando realicé esta entrevista, me di cuenta de que realmente no sabía nada sobre el caso María Agustina. La transcribo abajo; vosotros mismos podréis entenderlo:

ENTREVISTADORA: Con motivo del 5º aniversario del cambio de sentido de María Agustina, hemos invitado hoy a nuestro programa a uno de los hombres claves en aquel día, el técnico que se encargó de coordinar aquel giro en sentido contrario. John McRotond, buenas tardes. Cuéntenos como recuerda usted aquel día.

JOHN McROTOND: Pues realmente, para mí fue un día muy duro. Me llamaron desesperados. Hubo un fallo en la planificación enorme, y es que no habían creído las consecuencias que ese cambio de sentido de María Agustina podría tener.

ENTREVISTADORA: ¿Que ocurrió exactamente?

JOHN McROTOND: Bueno, para su explicación debemos fijarnos en las coordenadas de María Agustina: 39.988667,-0.034465. En ellas está la clave: en ese punto, se producen modificaciones en la referencia de los cuerpos que giran solidarios con el eje, describiendo sus extremos una circunferencia y la fuerza gravitacional entre la Tierra y los objetos situados en su superficie o cerca de ella. Y de esas modificaciones, que siempre había girado al revés.

ENTREVISTADORA: ¿Entonces, el nuevo cambio provocado produjo alteraciones en las fuerzas?

JOHN McROTOND: Así es. Se ha creído que las confusiones para girar la plaza ese día eran simples engaños. Pero no es así, hablamos de un factor mucho más complicado: Se alteró el que siempre había sido su sentido original, y piense que hablamos de fuerzas, de movimientos. Pronto, las primeras consecuencias se empezaron a notar en los edificios más cercanos, donde las manillas del reloj retrocedían, las aguas giraban al revés…

ENTREVISTADORA: Jamás habíamos sabido nada acerca de estos hechos.

JOHN McROTOND: Claro, un error en la planificación de estas dimensiones se intentó encubrir. Pero lo que le he contado hasta ahora era sólo en el primer nivel. Conforme iba avanzando el tiempo, los efectos se iban propagando como una onda expansiva y, al mismo tiempo, en los primeros niveles, su intensidad aumentaba.

ENTREVISTADORA: ¡Pero esta información es totalmente inédita! Cuéntenos, por favor.

JOHN McROTOND: Llegó un momento en que la intensidad de la fuerza que afectaba a la plaza María Agustina influía incluso en los procesos habituales que realiza el cerebro humano, de ahí los supuestos equívocos de la gente en ese día. Claro, les convenía que pensáramos que eran equivocaciones, para que no se desvelara el enorme fallo en el proyecto.Aunque para quienes lo llevaban a cabo, podía producirse una situación desastrosa.

ENTREVISTADORA: Díganos, John ¿de qué situación se trata?

JOHN McROTOND: Sabrá usted de la proximidad con la plaza de la independencia, la Farola, y que el sentido de esta plaza es el que ellos denominan “sentido normal”. Con las alteraciones de las fuerzas podía cambiar su sentido al que ellos estaban eliminando, el tradicional de María Agustina y, obviamente, ellos querían evitarlo a toda costa.

ENTREVISTADORA: Entiendo. ¿Y fue entonces cuando contactan con usted?

JOHN McROTOND: Así es. Yo me había puesto en contacto con ellos, previamente, cuando supe del cambio de María Agustina. Leí en la prensa los movimientos surgidos, las abundantes manifestaciones populares en contra del cambio. Fue entonces cuando estudié el caso, redacté el “Informe María Agustina” y basándome en él, les avisé que era mejor dejar las cosas como estaban. Pero mis advertencias fueron pasadas por alto, hasta que ellos mismos no se vieron en esa situación crítica.

ENTREVISTADORA: ¿Y cómo hizo para resolver la situación?

JOHN McROTOND: En aquel momento, analicé las circunstancias y vi que la clave estaba en la fuente de María Agustina. Intervinimos en ella, ya que, por su situación, actuaba como punto de partida del eje de giro en que todo movimiento circular se basa.

ENTREVISTADORA: Impresionante. Nunca habíamos sabido de esta situación. John, muchas gracias por haber venido y habernos desvelado la verdad sobre aquel 23 de noviembre.

JOHN McROTOND: Gracias a ustedes por darme la oportunidad.

Anna Blau

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anécdota IV

Noviembre 17, 2009 · Dejar un comentario

Me hizo gracia esto del concurso de anécdotas porque pensaba que era la única pardilla que cuando cambiaron el sentido a la maria agustina se confundia una y otra vez.

La cosa es que yo estoy viviendo en Barcelona desde hace ya 6 años. Y me enteré de que cambiaban el sentido de la plaza por familiares y amigos que me lo contaban con indignación. La verdad es que no entendia por qué lo hacian (aún no lo entiendo) pero al estar en el “exilio”, a uno no le afectan las cosas tanto como si las tienes delante. El caso es que bajé A Castellón un fin de semana, después del cambio, y salí de fiesta con mis amigos. Después de estar por diferentes garitos, cambiamos a otro al cual teniamos que ir pasando por la susodicha plaza. Al pasar por alli, vi un coche que iba en sentido contrario al habitual y yo, con toda mi buena fe y unas copas de más me fui hacia el coche, me puse delante y le dije: “Vas al revéees!”. Supongo que el conductor, dedujo que me habia caido de un quinto y pasó de largo. Al ver esto, mi reacción fui quedarme de piedra, mirar los semáforos y mirar a mis colegas. Los semáforos estaban al revés y mis colegas descojonados. Así estuve varios segundos (según ellos, fue una situación muy cómica porque solo hacia que mirarlos y mirar los semáforos) hasta que recordaron que habian cambiado el sentido de la marxa. A partir de ahí fue cuando empezó mi luto, y empezó el cachondeo entre mis colegas, que aún hoy me lo recuerdan de vez en cuando.

En fin, esa es mi anécdota. Un poco increible, pero tengo testigos. Aún hoy en dia miro para el lado contrario al que hay que mirar…

Anna Rodenas

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anécdota III

Noviembre 17, 2009 · Dejar un comentario

Mi anécdota cuando cambiaron la dirección de MªAgustina supongo que le habrá pasado a más de uno.

Acostumbrada a mirar hacia la izquierda en los pasos de peatones, fui a pasar (fallo mío, con el semaforo en rojo) y miré. Claro, no vi ningún coche, y tiré a pasar. Entonces un coche que venía por la derecha me tocó el claxon y casi me atropella. Yo monté en cólera, le llamé loco lo más bonito, que si se había sacado el carné ayer, que si no sabía las direcciones… Y monté un pitote en medio de la calle impresionante. El hombre no entendía nada, hasta que se dió cuenta de por qué le insultaba, y me señaló una señal (valga la redundancia) vertical que indicaba la dirección. Me puse blanca, roja y de todos los colores, no sólo por el hombre, sino por toda la plaza que me estaba mirando. Le pedí disculpas, y empecé a reirme. Entonces el hombre se rió también y todo quedó en un malentendido. Qué mejor que reirse de uno mismo…

Alejandra

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