anécdota I – María Agustina vista desde arriba

Cuando llegué a esta ciudad yo era joven y rebosaba vitalidad. Ya llevaba tiempo pensando en trasladarme a tierras más cálidas y dejar así atrás el frío y la marabunta de coches y gentes diversas que puebla Londres y que estaba empezando a abrumarme. Todo se precipitó cuando algún forastero puso de moda la ‘caza de la ardilla’ y pasamos de ser el reclamo turístico más adorable a adornar, tristemente y con demasiada frecuencia, los despachos de los acaudalados practicantes del nuevo deporte nacional. Pero esa es otra historia…

Cuando llegué a la costa mediterránea, después de haber cruzado el Canal de la Mancha escondida en un camión de frutos secos (Mmmm, aún se me hace la boca agua cuando lo recuerdo) y de atravesar Francia preguntando aquí y allá con mis rudimentarios conocimientos del idioma, pensé que Castellón era el sitio ideal. Las principales razones que me impulsaron a establecerme aquí fueron el suave clima y la enorme afición de sus habitantes a comer pipas.

Pero lo que de verdad me conquistó fue María Agustina. Paseando por la ciudad en busca del sitio adecuado para instalarme, topé con un gran ficus ante cuya sola visión, me avergüenza decirlo, me hice mis necesidades encima. Era enorme, y verde, y alto (perdonen la pobreza de mi adjetivación, pero he de aclarar que aprendí español con un cochino de Extremadura que no había salido mucho de la dehesa hasta que se mudó a Londres).  Después de limpiarme un poco, subí brincando como la pipiola que aún era y llegué hasta la punta más alta…

Allí… ¡Oh, maravilla! Al mirar hacia abajo descubrí que la plaza que tenía a mis pies giraba exactamente igual a las de mi país natal. Siempre he creído en las señales del destino, quizá porque mi tatarabuelo creció en el Central Park de Nueva York y allí escuchó las más variadas teorías sobre la predestinación, que luego yo leí con avidez en las cartas que guardó mi madre.

Desde entonces, mi vida parecía sacada de las páginas de los cuentos de Beatrix Potter, así era de bonita. Niños jugando y comiendo cacahuetes en la plaza, jóvenes enamorados que dejaban caer las bolsas de pipas al suelo en cuanto olían la posibilidad de un beso, ancianos desdentados que dejaban escapar más piñones pelados de los que podían comer, granos de arroz sacudidos de los manteles… Todo rodeado por el ruido coches girando como en mi casa, que me hacía no olvidarme de mis raíces.

Una mañana de noviembre, en cambio, me desperté sobresaltada por los ruidos de claxon que llegaban desde abajo. Conductores con ojeras gritando a diestro y siniestro, caos, confusión, malos humores… Cuando me despabilé, mi cabeza empezó a girar de derecha a izquierda al percatarme de lo que estaba ocurriendo: ¡La plaza ya no giraba bien! Quiero decir, ahora los coches que salían de las nueve calles que rodean a María Agustina tenían que seguir el rumbo habitual de las glorietas en el resto de España.

No sé explicarlo, pero desde entonces, hace ya cinco años, todo se volvió más… (maldito cerdo) sombrío, anodino, aburrido… Ya nadie llevaba a los turistas y señalaba con orgullo dando explicaciones mientras giraba los dedos en una y otra dirección, hubo accidentes y algún atropello menor que apartaba a la gente de sus paseos por la zona unos días (egoístamente, esto para mi suponía menos manjares que llevarme a la boca), incluso a los conductores se les veía más serios a través de las ventanillas…

Varias veces vi a un chico melenudo pasear cabizbajo bajo mi ficus. Iba moviendo la cabeza (en todos los sentidos y direcciones) como si pensara mucho en algo. Más tarde me enteré por la prensa (los cartuchos de kikos no sólo dan de comer, también culturizan) que era ese mismo melenudo de gafitas el que había montado un tinglado enorme para que todo volviera a ser como antes.

Y creo que en ello sigue, cada vez con más amigos que quieren lo mismo que yo y lo mismo que él: que todo siga siendo como siempre, del revés.

Esther M. Alemán

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5 Respuestas a “anécdota I – María Agustina vista desde arriba

  1. Ohhhhh, de los 5 relatos que hay actualmente éste es mi preferido. Realmente me ha enternecido.
    Saludos desde Lyon.

  2. Pingback: Juanjo Montoliu y Esther Martín, ganadores del concurso de anécdotas « Vivimos en Castellon

  3. Pingback: El relato del segundo premio radiado « Vivimos en Castellon

  4. A mi este es el que más me ha gustado. Enhorabuena!

  5. Pingback: El curioso caso de María Agustina « LondonSpanish

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