anécdota II – Una anécdota


Corría el año 2004, 23 de noviembre concretamente, cuando me encontraba tumbado en el lecho del gran ficus de Maria Agustina, esperando que el otoño hiciera su función sobre este frondoso vegetal y echara a bajo sus grandes hojas, con la finalidad de coger una para liarme un puro i fumármelo mientras recordaba la única particularidad por la que destacaba esta ciudad que me vio nacer. Llevaba yo 2 o 3 horas de mi valioso tiempo esperando tal suceso, que en una de esas, se me acerca un viejo con gorra de Credicoop Caixa Rural de Castelló de la Plana, procedente de perder su también valioso tiempo en observar las obras de la Plaça les Aules (en aquel entonces en obras, por el magnífico hallazgo de una torre milenaria, que se acabaron cargando finalmente),  y con aires de superioridad mientras levantaba su “gaiato” de madera de roble con taco de goma y detalle de la cara de un perro en el mango, me dijo a voces desde el medio de la calzada:

-Oyeeeee!!!!Tssssst!!!!El aburrido!!!!!

Levanté la cabeza y con cara de atónito por la osadía que mostraba el puto viejo le dije:

-Que pasa?  Hay novedades en el frente???-

El iaio paso de mi impertinencia y me soltó:

-Que tu donde has estudiado ignorante??? Tu no sabes que los ficus son perennes???-

Un puto viejo acababa de vacilarme. A mí, un estudiante de bachiller hecho y derecho, con matriculas de honor en nada.

Siempre he pensado, que gracias a mi concentración y mi relación extracorpórea con el ficus durante estas 2 o 3 horas, este me otorgo algún tipo de poder y provoqué la siguiente fatídica escena a lo Tarantino: “Lo puto iaio”, despistado como tantos, haciendo valer su acertado argumento delante de sus coleguillas pensionistas,  no se había percatado del cambio de dirección de la plaza, y con su cuerpo medio pivotado hacia su derecha para observar que no se aproximaba ningún coche, no se percató del rápido bólido que se acercaba por su izquierda ocasionándole un golpe mortal del que no pudo recuperarse para mi gran decepción.

Inmediatamente después de tal catástrofe (un jubilado acababa de fallecer), me fui dirección C/ Gobernador mientras una hoja del ficus caía sobre el malogrado cuerpo del puto anciano.

Y este es mi relato…

Alexandre Baixauli Ferrando

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