anécdota III

Mi anécdota cuando cambiaron la dirección de MªAgustina supongo que le habrá pasado a más de uno.

Acostumbrada a mirar hacia la izquierda en los pasos de peatones, fui a pasar (fallo mío, con el semaforo en rojo) y miré. Claro, no vi ningún coche, y tiré a pasar. Entonces un coche que venía por la derecha me tocó el claxon y casi me atropella. Yo monté en cólera, le llamé loco lo más bonito, que si se había sacado el carné ayer, que si no sabía las direcciones… Y monté un pitote en medio de la calle impresionante. El hombre no entendía nada, hasta que se dió cuenta de por qué le insultaba, y me señaló una señal (valga la redundancia) vertical que indicaba la dirección. Me puse blanca, roja y de todos los colores, no sólo por el hombre, sino por toda la plaza que me estaba mirando. Le pedí disculpas, y empecé a reirme. Entonces el hombre se rió también y todo quedó en un malentendido. Qué mejor que reirse de uno mismo…

Alejandra

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